domingo, 7 de septiembre de 2008

De pronto la habitación se comenzó a teñir de verde.

Las paredes blancas tornaron de pronto en un inmenso bosque.
Me sentí perdido, extraviado entre tanta naturaleza creada y brindada solo para mí.

Hasta el día de hoy solamente recuerdo vagamente aquella mirada que me acompañó durante toda mi aventura.
Lo que no he podido descifrar exactamente, era si el color de esos ojos fue verde claro, verde turquesa o verde mar.

Solo se que esa noche mis labios pronunciaron el conjuro de partida:…

Verde que te quiero verde.

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