Desapruebo con mis puños y mis dientes...
Te he deseado tanto,
que el dolor de mi pecho ya no me arde.
No sólo el pecho ya está incendiado,
también mis piernas, mi boca, mi entrepierna...
¿Para qué quieres amaestrarme?
...Sabes que yo cedo.
Traigo la sangre hirviendo,
que se me alborota la luz y parece que me electrocuto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario